Domingo se va de casa. Daniel Villalobos

Sergio Andricaí­n

Domingo se va de casa, álbum con texto de Daniel Villalobos e ilustraciones de Sebastián Ilabaca, parte de una amenaza infantil muy reconocible —ese “me voy” que suele durar lo que dura el enfado—, aquí motivada por una noticia a menudo difícil de encajar: la llegada de un hermanito. Con mochila al hombro y una convicción algo exagerada, Domingo decide marcharse de su hogar y lo hace convencido de que basta caminar en línea recta para encontrar un lugar mejor. El camino, sin embargo, se encarga de poner a prueba ese plan con encuentros con versiones inesperadas de los juguetes que escogió para llevarse, medios de transporte poco tranquilizadores y ayudas que no siempre llevan a donde uno espera. El hambre, el cansancio y el sueño hacen que la aventura empiece a resultar menos gratificante.

Las excelentes ilustraciones de Ilabaca —de figuración expresiva y flexible, con atractivo uso del color y una especial atención al gesto y al movimiento del cuerpo infantil— acompañan el relato con humor y complicidad y contribuyen a lograr la sensación de deriva onírica que atraviesa la historia, el sinsentido del viaje de Domingo y la pérdida de ánimo del viajero. Cuando Domingo se queda dormido, el sueño funciona como una especie de fantasioso ajuste de cuentas para reorganizar miedos y celos. El despertar devuelve al protagonista a casa: la idea de escapar ha perdido fuerza y la llegada del hermanito deja de ser una catástrofe para convertirse en algo, al menos, manejable.

Esta notable propuesta de Ekaré Sur entiende la infancia como un territorio de tensiones reales y simbólicas. Sin dramatismos innecesarios, sus autores logran, echando mano al humor y a lo insólito, hacer de un conflicto cotidiano una experiencia narrativa y visual llena de matices y enriquecedora del mundo sensible infantil.