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São Paulo: Editora Carambaia, 2024. ISBN: 978-6554610797
Entrar en la boca
Con Lobo Mau com Dor de Dente, libro de Daniel Kondo publicado en São Paulo por Editora Carambaia, siento que la lectura no empieza exactamente con la primera frase. Empieza un instante antes, en el gesto mismo de abrir el libro. Hay que girarlo, ponerlo en vertical, con el lomo hacia arriba. Ese pequeño ajuste instala una incomodidad concreta, casi corporal. Las páginas se abren como una mandíbula y, desde ese momento, me resulta difícil seguir leyendo como si el objeto fuera un soporte neutro.
Ese formato le conviene mucho al libro, porque el lobo llega cargado de una memoria colectiva: hambre, engaño y sobresalto de los cuentos clásicos. Kondo no pierde tiempo explicándolo. Le basta con torcer un poco la figura: el lobo tiene dolor de muelas, llora, busca ayuda. Sigue siendo amenazante, pero ahora aparece atravesado por una fragilidad ridícula y muy humana. Esa mezcla de amenaza y vulnerabilidad me parece uno de los mayores aciertos del libro.
Las primeras imágenes trabajan con muy pocos elementos: dientes, rojo intenso, una cercanía que incomoda. Lo más potente, para mí, es que el propio libro empiece a funcionar como boca. Yo no observo la amenaza desde afuera; la tomo con las manos, la abro, entro en ella. En ese punto, la materialidad deja de ser diseño y se convierte en experiencia.
Después viene la serie de devoraciones. El lobo pide auxilio, alguien se acerca, la escena parece inclinarse por un momento hacia el cuidado y, de pronto, se cierra. Los tres cerditos, los siete cabritos, la abuela. De cada uno queda apenas un resto: un sombrero, unos cuernos, un zapato. La repetición podría convertirse en un chiste acumulativo, pero aquí cumple otra función. Cada vuelta aprieta un poco más la expectativa. Ya sé lo que va a pasar, pero empiezo a prestar atención al ritmo, a la demora, a las pequeñas variaciones. La insistencia afina la lectura.
El mecanismo se revela por completo cuando surge el personaje que ya no pertenece al repertorio de siempre. Aparece dentro del ojo del lobo, en la pupila. En ese instante siento que el libro me mira directamente. La vieja idea de “devorar un libro” se invierte sin alarde. Todo el dispositivo, el formato vertical, la apertura como mandíbula, la secuencia de víctimas, empujaba hacia ese punto. El libro resuelve ese giro con rapidez y cierta malicia.
La paleta cromática refuerza esa sensación de incomodidad. Negro, blanco y rojo dominan alrededor del lobo y de quien cae en su campo. Los otros personajes traen colores más sueltos, pero el núcleo del libro trabaja con un contraste seco, casi dental. Ese rojo
comprime y tensa la escena.
El final, con Caperucita Roja convertida en dentista y la radiografía que deja ver los ojos de los devorados dentro del cuerpo del lobo, cambia el aire sin borrar lo anterior. Me hace reír, sí, pero con una risa que llega cargada de todo el malestar previo. El miedo queda
desplazado, trabajado por un tono casi clínico.
Al cerrar el libro, me queda la sensación extraña de haber estado un rato dentro de algo. Más que la idea ingeniosa o la destreza del diseño por separado, me importa cómo una decisión material aparentemente simple altera la posición del lector dentro del relato. Lobo Mau com Dor de Dente me obliga a entrar en la boca, a esperar, a desconfiar y a dejarme atrapar. Ahí la lectura deja de ser cómoda. Y también se vuelve más difícil de olvidar.
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Daniel Kondo, autor e ilustrador brasileño, tiene más de 40 libros publicados en Brasil y en el extranjero. Ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre ellos distinciones en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, en la Cátedra UNESCO de Lectura PUC-Rio, además del Premio Jabuti y selecciones en la Society of Illustrators de Nueva York.